22 dic. 2011

Forbiden




Y hoy, así de la nada... Te das cuenta.
Por cosas de la vida, peleaste con tus padres, pasaron meses de problemas infinitos y lograste irte de tu casa. Ahora vives con tu novia. Eres feliz... La amas.
Pero es tu primera vez, nunca has convivido con nadie y existen esos detalles incómodos, por ejemplo cuando vas al baño y tienes ganas de... Cagar.

Si, tú lo sabes, tienes vergüenza y prefieres hacerlo siempre a escondidas.
De vez en cundo visitas a tus padres y un buen día. ¡Ups! Tienes que usar su baño y piensas: “¡Al fin voy a poder cagar a gusto!” Pero esto no ocurre.
Entras tranquilamente, feliz, te bajas los pantalones, te sientas en el trono y...
Miras a tu alrededor. Ves te fijas en los detalles que tu hermana ha puesto para decorar el baño y que este está precioso. Admiras donde han gastado el dinero que ya no se gastan en mantenerte y ciertamente ves que el baño ha sido reformado muy bien. Te pones a pensar y terminas sintiéndote justo lo que planeabas hacer allí, una mierda. Sientes ese susurro en tu cabeza que te dice que lo que estás haciendo está mal, pero sigues cabezota queriendo convencerte de que no, que de todas formas esa también es tu casa. Pero entonces ocurre algo que no esperabas. Esa ya no es tu casa porque no eres capaz de cagar allí. Te da vergüenza porque eres una extraña que ya no pertenece a esa casa. Así que, con el culo apretado de indignación, te vuelves a subir los pantalones y pones cara de circunstancia con tu familia las horas que te quedan hasta volver con tu novia, a tu casa, a poder cagar algo cohibida pero sin sentirte una mierda.